LA OTRA BOLSA DE VALORES

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Por: Olympia Santiago

Este año reflexionamos sobre algunos valores, pero existen otros muy importantes que no por faltar en la lista son menos valiosos: la compasión, el agradecimiento, la empatía, la caridad.

Varios de ellos los relacionamos con momentos de la vida en los que se nos presentan situaciones especiales para ayudar a un ser necesitado en un momento de dificultad. Sin embargo, estos valores están presentes en cualquier instante de nuestra vida. Cada palabra, cada acción deben contener una buena dosis de éstos si tratamos a los otros e incluso a nosotros mismos con paciencia, dignidad, compasión; si nos olvidamos de culpas, de resentimientos, y brindamos el perdón y la comprensión esperadas. Nuestro corazón y salud lo agradecerán y las cosas se tornarán más sencillas.

Todos conocemos una serie de frases o pensamientos que hemos hecho nuestros y que repetimos cual si fueran la receta de la felicidad. Sin embargo, nosotros no actuamos según estas máximas, en ocasiones nos dejamos llevar por el enojo, la frivolidad o la competencia desleal, lo que al final del día nos confronta con nuestras propias creencias respecto a cómo se debe actuar, porque nuestra jerarquía de valores nadie nos la impuso: nosotros somos quienes decidimos y organizamos las prioridades de nuestro actuar, se supone que razonamos nuestros actos. Por ello, cuando nos contradecimos con actitudes egoístas o indolentes tenemos la sensación de que algo no está bien.

Si bien es cierto que en una sociedad competitiva e individualista es difícil conservar una ética basada en valores comunes, nuestra reflexión puede ser de gran ayuda para recordarnos lo que esta más allá de lo inmediato, lo que realmente queremos para nosotros, para nuestros seres queridos y para la sociedad en general, porque de otra forma corremos el riesgo de convertir los medios en fines.

La mayoría de los pensadores han coincidido en que el fin último del hombre es la felicidad, por ende al actuar debemos considerar qué sentimientos albergamos en nuestro corazón para conseguir nuestros bienes materiales, nuestra imagen y nuestras relaciones, si realmente vale la pena o si sería prudente regresar a esa voz interior recordando esas máximas que guían nuestra vida y creyendo que son nuestra más cuidada verdad.