El futbol a sol y sombra

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Este libro fue escrito por Eduardo Galeano como muestra de su pasión por el deporte con el que hemos crecido la gran mayoría de mexicanos. Desde pequeños muchos nos hemos imaginado como protagonistas de una gran hazaña del balompié. En palabras del autor leemos: “Como todos los uruguayos, quise ser jugador de futbol. Yo jugaba muy bien, era una maravilla, pero sólo de noche, mientras dormía: durante el día era el peor pata de palo que se ha visto en los campitos de mi país… Han pasado largos años y he terminado por asumir mi identidad: yo no soy más que un mendigo del buen fútbol. Voy por el mundo sombrero en mano, y en los estadios suplico: -Una linda jugadita, por el amor de Dios.”

De ahí que Galeano se defina como el hincha que huye de su casa y asiste al estadio… La ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, “la única religión que no tiene ateos”, nos advierte, exhibe a sus divinidades. Por otra parte: “Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno. Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado.

Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos. Rara vez el hincha dice: «hoy juega mi club». Más bien dice: «Hoy jugamos nosotros». Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música.”