Egoísmo

Egoísmo

Mis padres estaban en el frente del auto, mientras que yo me encontraba en el asiento trasero. Por alguna razón ellos discutían y estaba casi seguro que era algo irrelevante, por lo menos no tan importante como yo ¿Por qué no me miraban? ¿Por qué no me prestaban atención? ¿Acaso se han olvidado de mí? Sin embargo, no importaba como me sentía, no podía decirles. Por alguna extraña razón yo no puedo hablar. A veces me imagino como sería mi voz ¿Grave o aguda? ¿Tranquilizante o irritante? ¿Cómo será la de mamá? ¿Y la de papá? Comencé a golpear levemente el asiento de mamá. Ella volteó y me gritó como nunca antes lo había hecho, en estos momentos no quiero mencionar aquellas palabras, con solo leer sus labios me partieron el corazón. Las lágrimas se deslizaban por mis mejillas como cascadas, mi padre me observó por el espejo retrovisor y la discusión continuó. Mi llanto prosiguió porque sabía que era mi culpa. De un momento a otro papá volteó a señalarme, perdiendo el control del volante, nos estrellamos contra un autobús escolar.

Desperté en un cuarto horrendo. El piso estaba conformado por varias baldosas de un color azul grisáceo y estoy seguro que las paredes fueron blancas en algún momento, sin embargo con el paso del tiempo fueron ensuciadas, sobre todo las esquinas. Las cortinas estaban entrecerradas así que la luz era poca. Me levanté de la incómoda cama y pude sentir el frío recorrer las plantas de mis pies, asomé mi pequeña cabeza por una de las dos puertas de la habitación y descubrí que solo era un baño. Me dirigí a la otra puerta, tomé la manilla y salí para encontrarme con un cuarto absolutamente blanco. La vista dañó mis ojos, los abrí ahora lentamente. El lugar era tan blanco que no se podía ver donde empezaba la pared ni donde daba inicio el piso. Comencé a caminar buscando una salida, caminé durante horas sin encontrar nada. En algún punto comencé a correr hasta encontrarme con una puerta. Estaba a punto de cruzarla cuando sentí un agudo dolor en el pecho.

Mis ojos se abrieron y observaron a los hombres vestidos de batas y tapabocas. Todos aplaudían a un doctor en especial. Ese día mis papás murieron en un accidente de coche. A veces me pregunto qué habría pasado si no hubiera comenzado a llorar. Si no hubiera sido tan egoísta para pensar que el tema, que ahora me doy cuenta es de suma importancia, habríamos sido todos felices. Mi papá, mi mamá y yo, nada ni nadie entre nosotros.

Natalia O. G.
Tercero de secundaria